domingo, 26 de febrero de 2012

MAESTROS: EDUCADORES, NO INSTRUCTORES ANODINOS

¿Puede un maestro de primaria o secundaria dejar de ser educador? La pregunta es necesaria porque las políticas actuales de la SEP hacen de los maestros meros instructores. Para la SEP, y sus economistas asesores de la OCDE y del organismo privado Mexicanos Primero, buen maestro es aquel que logra que sus estudiantes respondan acertadamente a las preguntas de los exámenes estandarizados (Enlace, de la SEP, y PISA, de la OCDE).

En consecuencia, la evaluación de los maestros la reducen a medir los resultados que sus estudiantes obtienen en esos exámenes y a aplicar exámenes también estandarizados a los propios maestros. Suponen que para el éxito del maestro en esa tarea es necesario y suficiente que él, o ella, tenga conocimientos de las materias que enseña y de los métodos de enseñanza apropiados; en consecuencia, la evaluación universal que pretenden aplicarles se centra en esos dos campos: conocimiento de la materia que han de enseñar y conocimiento de métodos de enseñanza.


Quienes se ocupan responsablemente de la educación saben que ésta no se reduce a la instrucción: en la educación son determinantes aspectos formativos como la motivación, las actitudes, el desarrollo del carácter, los valores morales y sociales. Quizá en los niveles superiores del sistema escolar (posgrados) puedan darse por resueltos algunos aspectos formativos de la educación, pero en la educación básica es esencial dar la mayor importancia a estos elementos formativos, pues de su desarrollo depende incluso la instrucción que se imparte en este nivel.


Es indudable que los niños y jóvenes estudiantes necesitan adquirir conocimientos, pero es falso que para ello sea suficiente que los maestros tengan conocimientos y sean diestros en el manejo de métodos didácticos. Lo esencial es que los maestros logren que los estudiantes deseen adquirir conocimientos, y que sean capaces de guiarlos en el trabajo de obtenerlos. Las actuales políticas de la SEP reducen a maestros y estudiantes a la categoría de máquinas que almacenan y transmiten conocimientos. Se trata de una visión cibernética e industrial, deshumanizada, implantada por la vía del soborno: si un maestro no se desempeña eficientemente como generador de competencias, para triunfar ellos y sus estudiantes en los exámenes estandarizados, padece consecuencias económicas en la llamada Carrera Magisterial. La única motivación prevista es el dinero. Los maestros, además de simples máquinas enseñantes, son reducidos a la condición de mendicantes o codiciosos.


La doctora Elsie Rockwell, prestigiada educadora mexicana del Departamento de Investigación Educativa del Cinvestav, en su antología titulada Ser maestro, estudios sobre el trabajo docente, recoge valiosos materiales de educadores de diversos países y concluye: “El trabajo de maestro de educación básica es distinto a cualquier otro. Por mucho que se haya comparado al del obrero o del campesino, al del misionero o del burócrata, lo cierto es que trabajar con 30 o más alumnos dentro de un aula para enseñarles los elementos culturales considerados básicos tiene características únicas. Las experiencias ‘frente a grupo’ son continuas e ineludibles. A diferencia de lo que ocurre en otros casos, la docencia requiere un esfuerzo sostenido, tanto afectivo y físico como intelectual, durante toda la jornada laboral. Responder a un grupo de alumnos puede requerir todos los recursos de que dispone un maestro: sus conocimientos profesionales así como capacidades obtenidas en diversos ámbitos de su vida. Como actividad fundamental social que es, ser maestro implica establecer constantemente relaciones con otros: alumnos, padres, autoridades y colegas”.


¿Puede evaluarse una tarea tan trascendente, compleja y difícil, que se desarrolla en el variado y rico mosaico social y cultural del país, con pruebas estandarizadas elaboradas en las oficinas centrales de la SEP? ¿Qué efecto tendrá en la educación mexicana este afán de control centralizado? Es urgente formular un proyecto alternativo de evaluación del magisterio sustentado en esas relaciones sociales que el maestro debe establecer con los alumnos, padres, autoridades y colegas.


Pérez Rocha, Manuel. “Maestros: educadores, no instructores anodinos” en La Jornada, jueves 23 de febrero de 2012, http://www.jornada.unam.mx/2012/02/23/

domingo, 19 de febrero de 2012

LA PROHIBICIÓN DE LAS DROGAS

Ayer tuvo lugar en el DF el foro internacional “Drogas: un balance a un siglo de su prohibición”.


Durante mi intervención en él, recordé que la prohibición nace en la Convención Internacional del Opio de 1912 y es asumida por todos los países signatarios de la ONU en 1998, luego de que en 1971 el presidente Nixon y sus estrategas inventan la campaña antinarcóticos y el término que todavía usamos para designarla: “Guerra contra las drogas”.


La meta del acuerdo mundial firmado en la ONU fue: “Reducir tanto la oferta ilegal como la demanda de drogas”.


Nada indica que esto haya sucedido. Luego de medio siglo de persecución no han bajado ni la oferta ilegal ni la demanda de las drogas prohibidas. Según la propia ONU, en 2009 poco más diez años después del acuerdo, consumen drogas entre 149 y 272 millones de personas, un rango similar al de la década anterior [1].


Estados Unidos sigue siendo el mayor mercado consumidor, seguido de cerca por Europa Occidental. Desde 1960 la mitad de los estadunidenses declara haber probado alguna droga ilegal. [2] En 2009, 40% del consumo de cocaína se concentraba en Norteamérica, seguido por Europa, con 30% [3]. En cambio, la mayor parte del mercado de la heroína, 47%, estaba en Europa Occidental y Rusia, en 2008. [4] El mundo desarrollado pelea sin esperanza contra su propio mercado: como revelan las cifras, el consumo de drogas en esos países es a la vez potente, irreprimible e ilegal.


Podemos decir que los beneficios de la prohibición son modestos. No así sus costos.


La Comisión Europea calcula que hay en el mundo un millón de presos por delitos vinculados a las drogas: 500 mil están presos en Estados Unidos. La mayoría de estos presos estadunidenses son negros o hispanos. La mayoría por portar con ellos, al momento de ser detenidos, el equivalente de 80 dólares de drogas prohibidas. [5]


Países de producción y paso como Myanmar, Afganistán, Irán o, en América Latina, Perú, Colombia, Honduras, El Salvador, Guatemala y México, han pagado y están pagando en violencia, corrupción, inseguridad y desarticulación institucional, costos superiores a los que les hubiera provocado el consumo de las drogas perseguidas.



1. World Drug Report 2011

2. Robert J. MacCoun y Peter Reuter, Drug War Heresies: Learning from Other Vices, Times, and Places, RAND, 2001.

3. World Drug Report, 2011

4. “The Case For Legalisation Time for Puff of Sanity”, The Economist, julio 26-28, 2001.

5. Peter Reuter y Franz Trautmann (eds.), A Report on Global Illicit Drug Markets 1997-2008, European Commission, 2009. “Prisoners in 2008”, Department of Justice, 2010. En las cárceles estatales en Estados Unidos la distribución racial de sentenciados por crímenes de drogas es: 27.1% blancos, 44.2% negros y 21% hispanos.



Aguilar Camín, Héctor. “La prohibición de las drogas” en Milenio, miércoles 15 de febrero de 2012, http://impreso.milenio.com/node/9113001

domingo, 12 de febrero de 2012

CORRIDOS

México no puede vencer al narcotráfico sin la colaboración de sus socios. No mientras Sudamérica no reduzca la producción de drogas, Centroamérica siga portaaviones y santuario de los cárteles, Norteamérica siga suministrando las armas y municiones sin reducir la demanda de estupefacientes ni perseguir adecuadamente el lavado de lavado, y Asia venda sin restricciones los productos químicos con los que se fabrican has drogas de diseño. El problema es de todos y la solución tiene que venir de la colaboración de todos.



Mientras esa política criminal global se discute, se logran los acuerdos y se ponen en práctica con lealtad y compromiso por todos los socios, hay una cosa que México puede y debe hacer ahora y por sí mismo!3A dotarse de una política criminal nacional de largo plazo, consensuada por los grandes partidos, efectuada inmediatamente, que marque los objetivos, señale quién debe hacer qué en qué plazos, con qué recursos, y cuáles son los resultados que esperan.



En los países democráticos, algunas tareas corresponden al gobierno, otras al parlamento, y otras al Poder Judicial. El Ejecutivo tiene que mantener la seguridad pública, el Legislativo debe aprobar el presupuesto que proporcione los recursos, y a los tribunales de justicia corresponde la tarea de restablecer el orden jurídico perturbado por el delito.



Creo que México está incurriendo en dos disfunciones graves de consecuencias dramáticas. Primero: se emplea al ejército en tareas de seguridad pública y en investigaciones penales, pese a que la Constitución no le atribuye esa función; puede ser empleado excepcionalmente para recuperar espacios de los que las autoridades civiles han sido desplazadas por criminales, o para dar cobertura a operativos ordenados y dirigidos por los jueces, pero no tienen funciones ni están entrenados para procurar seguridad pública.



Esa disfunción grave y sostenida, consistente en emplear las instituciones para lograr objetivos que le son ajenos, produce abusos y violaciones a los derechos fundamentales como los recientemente puestos en manifiesto por distintos organismos internacionales, y también falta de resultados.



Segundo, los jueces no están haciendo su tarea. Según datos oficiales, el crimen organizado ha cometido durante el mandato del Presidente Calderón casi 50 mil asesinatos, a los que los jueces han respondido con 22 sentencias condenatorias. Eso significa que el índice de impunidad es de 99.96%. Inaceptable en un Estado de derecho.



Los jueces tienen que hacer justicia. Deben imponer el respeto por la ley, igual a delincuentes profesionales que ha servidores públicos que la quebranten. Deben interponerse entre los ciudadanos y los criminales, para proteger a los primeros y castigar a los segundos. Y en un país como México, donde la credibilidad de las instituciones está tan entredicha, deben hacerlo en juicios orales y públicos, donde todos puedan ver las pruebas y se impongan condenas ejemplares a los demostradamente culpables, porque sólo de esa manera recupararán la confianza los ciudadanos.



Así se hizo con éxito en Italia. En ese país, el azote de la mafia no empezó a remitir hasta que los jueces y los fiscales asumieron la responsabilidad de dirigir jurídicamente la lucha contra el crimen organizado. Costó muchas vidas, grandes recursos, y tiempo: en esta lucha no son recomendables los atajos. Lo cierto es que los beneficios a largo plazo de tomar por el camino derecho están más que asegurados. Colombia es otro ejemplo. España, en la lucha contra el terrorismo, también.



El día en que los músicos mexicanos dejen de hacer corridos a los narcos y empiecen a hacérselos a los jueces, sabremos que éstos se han puesto por fin al frente de la lucha contra la delincuencia organizada. Y sabremos también que México ha empezado a ganar esa batalla.





Nota: El autor de este artículo es Fiscal del Tribunal Superior de España.

Castresana, Carlos. “Corridos” en El Universal, 12 de febrero de 2012, http://www.eluniversal/



domingo, 5 de febrero de 2012

PREÁMBULOS AL PLEITO MAYOR

Empezó la real esgrima en pos de la Presidencia de la República. De aquí para adelante no habrá tregua. Hay dos partidos, PAN y PRI, que se recargan en sus adalides, ya bien espolvoreados por los medios de comunicación. Todos ellos, por alguna razón incomprensible, pretenden distanciarse de la derecha (a la rudimentaria usanza mexicana) a la que pertenecen por derecho adquirido. Los panistas persisten en su triste afán de mostrar ante el país sus escuálidas posibilidades de independencia personal. A esta altura de la pelea, y a pesar del privilegiado tratamiento radiotelevisivo que reciben, no rebasan los límites de sus redundantes pugnas internas.


El priísmo, por su parte, trata desesperadamente de mostrar unidad donde la precariedad subsiste. Su atildado precandidato pretende matizar su imagen, ahora como estadista con roce internacional, y hace un viaje de larguísima distancia para salir en la foto. Se retrató 30 o 40 veces en tres gélidos días con aquellos que sus asesores definieron como dignos de ser mostrados aquí. Con seguridad fueron todos los que se tuvieron a la mano y aceptaron dejarse saludar. Ir a Davos implica pulir en esos foros de exquisitos ejecutivos sus ya añejos perfiles, ahora bastante desgastados por la serie de crisis en que están metidos muchos de ellos. Una reunión, por cierto, decadente, tanto por su ideología como por sus otrora estrellas del mellado mundo financiero.


El abanderado de las izquierdas, en cambio, porfía en un exhaustivo recorrido por las polvorientas calles y plazas de la seca república del norte. No está para nada claro cuántos votos añadirá a su buchaca con tamaño esfuerzo. La pretensión se le conoce de calle: quiere juntar 20 millones de simpatizantes y que acudan, a la hora debida, a llenar las urnas nacionales. Tiene tras él una organización inédita, real, activa, aunque muchos le regateen calidad, número o mérito. Lo cierto es que ningún partido ha logrado amasar semejante contingente de mexicanos dispuestos a trabajar, esforzadamente, para llevarlo a la Presidencia. El trajín de los años, con sus impropiedades políticas al canto, tiene que considerarse para apreciar con la debida honestidad las condicionantes y oportunidades de prevalecer en la contienda.


La guerra por el poder, sin embargo, se prolonga por recovecos poco distinguibles para un público vasto, pero que pueden, eso sí, terminar por ser, en cruciales momentos, definitorios. Una toma de cámara repetida con mala leche, una frase sacada de contexto, una foto de perfil que parece indistinguible, el cuello de la camisa descuidado, la corbata mal anudada que se extiende para desfigurar el rostro, forman un repertorio harto conocido. Se añaden presentaciones rebuscadas o torpes ante audiencias ralas; ciertas historietas personales de un pasado que deja hijos regados aquí y allá; triviales o inconvenientes amistades de la infancia que poco (a veces no tanto) revelan de intenciones íntimas, carácter o programas, pero que inciden sobre incautas audiencias. Todos esos hechos cuentan y se van acumulando en la trastienda de los oyentes, de los lectores o de votantes desprevenidos o no. Las afectaciones ocurren de una y mil maneras. Ninguno de todos los personajes o grupos de electores pue`e ser descuidado si se quiere, en efecto, llegar al final y levantarse con el triunfo. En especial cuando la venidera se aparece como una elección intensamente competida.


Linares Zapata, Luis. “Preámbulos al pleito mayor” en La Jornada, miércoles 1º. de febrero de 2012, consultado el 5 de febrero de 2012, http://www.jornada.unam.mx